El Pacífico ecuatorial continúa calentándose y los pronósticos anticipan un evento de intensidad muy fuerte hacia fines de 2026. Sus efectos podrían sentirse en ecosistemas marinos, humedales, aves, mamíferos y otras especies, aunque los impactos variarán según la región.
Por Katherine Stehberg
El océano Pacífico tropical atraviesa un episodio de El Niño que continúa fortaleciéndose y que podría alcanzar una intensidad excepcional hacia fines de 2026.
La actualización del Climate Prediction Center de NOAA, publicada el 14 de septiembre de 2026, indica que existe más de un 90 % de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante los próximos meses. Para el trimestre octubre-diciembre, el organismo estima además una alta probabilidad de que el evento alcance una intensidad comparable con algunos de los episodios más fuertes registrados desde mediados del siglo XX.
La Organización Meteorológica Mundial también ha advertido que El Niño se encuentra firmemente establecido y probablemente continuará intensificándose durante los próximos meses.
En medios de comunicación suele utilizarse la expresión “Súper El Niño” para referirse a episodios excepcionalmente intensos. Sin embargo, no corresponde a una categoría científica oficial independiente.
Biodiversidad.cl ya abordó este escenario climático en el artículo “Chile mira al cielo: qué hay detrás del Niño Godzilla y del mal tiempo que ya se siente en el país”. En esta nueva revisión, el foco está puesto específicamente en las posibles consecuencias ecológicas y en la biodiversidad chilena.
¿Qué es El Niño?
El Niño forma parte del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur, o ENSO por sus siglas en inglés.
Se trata de una interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical capaz de modificar patrones de temperatura, vientos y precipitaciones en distintas regiones del planeta.
En condiciones habituales, los vientos alisios favorecen la acumulación de aguas cálidas hacia el oeste del Pacífico. Frente a las costas de Sudamérica, en cambio, ascienden aguas profundas más frías y ricas en nutrientes mediante un proceso conocido como surgencia o afloramiento.
Esta circulación contribuye a sostener la elevada productividad del sistema de la corriente de Humboldt, uno de los ecosistemas marinos más productivos del planeta.
Durante El Niño, los patrones de viento y temperatura cambian. Las aguas cálidas pueden extenderse hacia el centro y el este del Pacífico, mientras el afloramiento y la disponibilidad de nutrientes pueden disminuir o modificarse. Como consecuencia, también puede cambiar la distribución y abundancia del fitoplancton, los peces y las especies que dependen de ellos.
Un Pacífico mucho más cálido
Las mediciones recientes muestran anomalías importantes en la temperatura superficial del océano.
En septiembre de 2026, las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental se encontraban considerablemente por encima de sus valores normales.
En la región Niño 1+2, ubicada frente a las costas de Ecuador y Perú, la anomalía semanal alcanzó aproximadamente 3,7 °C sobre el promedio. En la región Niño 3 llegó a 2,8 °C, mientras que en Niño 3.4, una de las principales zonas utilizadas para evaluar ENSO, alcanzó cerca de 2 °C.
Estos valores muestran que el sistema oceánico continúa fortaleciéndose.
Los modelos climáticos indican que El Niño podría mantenerse durante buena parte del primer semestre de 2027, aunque su intensidad irá disminuyendo progresivamente después de alcanzar su máximo.
¿Cómo puede afectar a la biodiversidad?
El Niño puede influir sobre la biodiversidad mediante varios mecanismos simultáneos.
- aumento de la temperatura del océano
- cambios en la surgencia
- modificaciones en la disponibilidad de nutrientes
- desplazamiento de peces y otras especies
- alteraciones en las cadenas alimentarias
- cambios en las precipitaciones
- inundaciones o sequías
- variaciones en la temperatura y humedad de los ecosistemas terrestres
Sus consecuencias no son iguales para todas las especies ni necesariamente negativas en todos los ecosistemas. Lo relevante es la velocidad y magnitud de los cambios, especialmente cuando afectan ambientes que ya enfrentan contaminación, fragmentación de hábitats, sobreexplotación de recursos u otras presiones ambientales.
Cambios en el océano y en las cadenas alimentarias
Uno de los efectos ecológicos más importantes puede producirse en la base misma de las redes alimentarias marinas.
Si disminuye o cambia la surgencia de aguas profundas frente a Perú y Chile, también puede modificarse el aporte de nutrientes hacia la superficie.
Esto afecta al fitoplancton, formado por organismos microscópicos que realizan fotosíntesis y constituyen la base de gran parte de las cadenas alimentarias del océano.
Una disminución de su productividad puede repercutir posteriormente sobre peces pequeños y, desde allí, sobre numerosos depredadores.
Entre las especies especialmente relevantes se encuentra la anchoveta, que ocupa una posición central dentro del ecosistema de la corriente de Humboldt.
Durante septiembre de 2026, el Instituto de Fomento Pesquero inició expediciones científicas destinadas específicamente a estudiar cómo las nuevas condiciones oceanográficas están afectando este recurso.
Cambios importantes en la abundancia o distribución de la anchoveta pueden repercutir sobre aves marinas, lobos marinos, peces depredadores y también sobre las actividades pesqueras.
Para profundizar en la relación entre océano, biodiversidad y servicios ecosistémicos, puede consultarse también “Daño ecológico, servicios ambientales y carbono azul” en Biodiversidad.cl.
Aves marinas y mamíferos
Las aves marinas suelen responder rápidamente a cambios en la disponibilidad de alimento.
Cuando sus presas cambian de profundidad o se desplazan hacia otras zonas, especies como cormoranes, pelícanos, pingüinos y otras aves pueden verse obligadas a recorrer mayores distancias para alimentarse.
Esto puede incrementar su gasto energético y, en determinadas circunstancias, afectar el éxito reproductivo o la supervivencia de las crías.
Algo similar puede ocurrir con los mamíferos marinos. Lobos marinos, cetáceos y otros depredadores pueden modificar sus desplazamientos en respuesta a los cambios en las poblaciones de peces.
Estos desplazamientos también pueden aumentar la interacción con embarcaciones, pesquerías o sectores costeros habitados.
No todos estos impactos pueden anticiparse con precisión. Por eso, el monitoreo biológico durante los próximos meses será fundamental para determinar qué cambios están ocurriendo realmente.
Lluvias, inundaciones y humedales
Los efectos de El Niño no se limitan al océano.
Las modificaciones en la circulación atmosférica pueden aumentar la probabilidad de lluvias intensas en algunas regiones y favorecer condiciones más secas en otras.
En Chile, sin embargo, la relación entre El Niño y las precipitaciones debe interpretarse con cautela.
La presencia del fenómeno no significa automáticamente que lloverá más en todo el territorio ni permite anticipar precipitaciones en una fecha específica.
Los efectos dependen de la estación, la región y la interacción con otros fenómenos atmosféricos.
Para los ecosistemas, los cambios en las precipitaciones pueden tener consecuencias especialmente importantes sobre ríos, quebradas, estuarios y humedales.
Las inundaciones forman parte del funcionamiento natural de muchos de estos ambientes, pero eventos particularmente intensos pueden generar erosión, transportar contaminantes, modificar la salinidad o afectar sitios de reproducción y nidificación.
Los humedales cumplen además funciones ecológicas fundamentales. Proporcionan refugio y alimento a aves migratorias, peces juveniles, anfibios, insectos y numerosas especies vegetales. Su estado de conservación puede determinar en gran medida su capacidad para resistir eventos climáticos extremos.
En Biodiversidad.cl puedes ampliar este tema en “Humedales en Chile: claves para proteger nuestro patrimonio hídrico” y en “Ramsar en Chile: Protección Internacional de Humedales”.
Anfibios: especies especialmente sensibles
Los anfibios se encuentran entre los grupos más sensibles a cambios ambientales.
Su ciclo de vida depende estrechamente de la temperatura, la humedad y la calidad del agua.
En Chile, esta vulnerabilidad adquiere especial relevancia debido al alto nivel de endemismo de muchas especies.
Entre ellas se encuentran las ranitas de Darwin, uno de los anfibios más emblemáticos de los bosques templados del sur de Chile y Argentina.
Ambos países han fortalecido recientemente las estrategias de conservación destinadas a proteger estas especies durante los próximos años.
El impacto de El Niño sobre sus poblaciones no puede anticiparse de manera simple.
Un aumento de las precipitaciones podría favorecer determinados ambientes húmedos y sitios reproductivos, mientras que lluvias excesivas también podrían generar crecidas, erosión o modificaciones en cursos de agua.
El efecto final dependerá de las condiciones específicas de cada población y de cada hábitat.
¿Qué podría ocurrir en Chile?
Chile reúne una enorme diversidad de ambientes a lo largo de más de 4.000 kilómetros de territorio continental. Existen ecosistemas desérticos, mediterráneos, altoandinos, bosques templados, humedales, islas, fiordos y una extensa costa influenciada por la corriente de Humboldt.
Por esta razón, no existe un único impacto de El Niño para todo Chile.
Norte de Chile
En el norte, uno de los principales focos estará en los ecosistemas marinos.
Las variaciones en la temperatura y productividad del océano podrían modificar la distribución de anchovetas, sardinas y otras especies.
Estos cambios pueden repercutir posteriormente sobre aves guaneras, lobos marinos y otros depredadores.
Zona central
En la zona central, las precipitaciones intensas pueden ejercer presión sobre ríos, quebradas, humedales y zonas costeras.
Las áreas urbanizadas pueden presentar riesgos adicionales cuando antiguos cursos de agua, humedales o sectores de inundación han sido modificados.
La capacidad de los ecosistemas para absorber agua y disminuir la velocidad de las crecidas puede ser fundamental durante episodios extremos.
Sur y Patagonia
En el sur y la Patagonia, los cambios de temperatura, precipitaciones y condiciones oceanográficas pueden interactuar con bosques, fiordos, canales y ecosistemas costeros.
También será especialmente importante vigilar las condiciones relacionadas con las floraciones algales nocivas, debido a sus posibles efectos sobre organismos marinos, acuicultura y actividades costeras.
El Niño ocurre sobre un planeta más cálido
El Niño es un fenómeno natural que existe desde mucho antes de la actual crisis climática.
Sin embargo, los episodios actuales se desarrollan sobre un planeta y unos océanos que ya presentan temperaturas significativamente más altas que durante gran parte del período histórico de observaciones.
Esta diferencia es importante.
Un evento natural de calentamiento del Pacífico ocurre ahora sobre un sistema climático previamente calentado por el aumento de gases de efecto invernadero.
Esta combinación puede aumentar determinados riesgos ambientales.
Al mismo tiempo, numerosos ecosistemas enfrentan otras presiones:
- pérdida de hábitats
- contaminación
- sobrepesca
- urbanización
- incendios
- especies invasoras
- fragmentación de ecosistemas
Por eso, el efecto final de El Niño no dependerá solamente de cuánto se caliente el Pacífico. También dependerá del estado previo de cada ecosistema.
Un humedal protegido, conectado y con buena calidad de agua tendrá mayores posibilidades de responder a una perturbación que uno rellenado, contaminado o fragmentado. Lo mismo ocurre con los bosques, ríos, ecosistemas marinos y poblaciones de especies amenazadas.
Este enfoque de resiliencia y conservación se relaciona directamente con el análisis “¿Está Chile avanzando o frenando la protección de su biodiversidad?”, publicado también en Biodiversidad.cl.
Monitorear para anticiparse
Ante un evento de esta magnitud, una de las herramientas más importantes es el seguimiento científico.
Observar sistemáticamente la temperatura del océano, el plancton, los peces, las aves marinas, los mamíferos, los caudales, los humedales y las poblaciones de anfibios permitirá detectar cambios y comprender mejor sus causas.
En Chile, la información generada por instituciones como el Instituto de Fomento Pesquero, la Dirección Meteorológica de Chile, la Dirección General de Aguas, universidades y centros de investigación puede contribuir a construir una visión más completa de lo que está ocurriendo.
También pueden desempeñar un papel importante las organizaciones ambientales y las comunidades locales.
Las observaciones ciudadanas sobre mortalidades de fauna, aparición de nuevas especies, cambios en humedales o desplazamientos inusuales de animales pueden entregar información útil cuando son registradas adecuadamente y complementadas con investigación científica.
Evitar conclusiones demasiado rápidas
Durante los próximos meses será común escuchar que determinados eventos meteorológicos o ecológicos fueron provocados por El Niño.
Pero establecer esa relación requiere cautela.
No toda tormenta, inundación, ola de calor, desplazamiento de animales o mortalidad de especies ocurrida durante un año de El Niño puede atribuirse automáticamente al fenómeno.
También es necesario diferenciar entre lo que ya está ocurriendo, lo que indican los pronósticos y lo que todavía constituye una posibilidad.
Mantener esta diferencia será fundamental para informar adecuadamente sobre la evolución del fenómeno.
Un desafío para la biodiversidad chilena
El Niño 2026-2027 es mucho más que una anomalía de temperatura en el Pacífico.
Es una demostración de hasta qué punto el océano, la atmósfera y la biodiversidad forman parte de un mismo sistema.
Cambios ocurridos a miles de kilómetros pueden modificar la disponibilidad de alimento para un ave marina, la distribución de un pez, el caudal de un río o las condiciones de reproducción de un anfibio.
Para Chile, los próximos meses serán especialmente importantes.
El desafío será observar lo que ocurre, fortalecer el monitoreo y utilizar ese conocimiento para anticipar impactos.
Pero también existe una conclusión más amplia.
Mientras mejor conservados se encuentren los ecosistemas, mayor será su capacidad para enfrentar perturbaciones climáticas.
Proteger humedales, bosques, ríos y ecosistemas marinos no solamente permite conservar especies. También aumenta la resiliencia de la naturaleza frente a fenómenos como El Niño y frente a un clima que está cambiando rápidamente.
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Bibliografía y fuentes
National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), Climate Prediction Center. “ENSO: Recent Evolution, Current Status and Predictions”. Actualización del 14 de septiembre de 2026. https://www.cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/lanina/enso_evolution-status-fcsts-web.pdf
Organización Meteorológica Mundial (OMM). Información y actualizaciones sobre El Niño/La Niña, 2026. https://wmo.int/
Instituto de Fomento Pesquero (IFOP). Información y expediciones científicas sobre El Niño y anchoveta, septiembre de 2026. https://www.ifop.cl/
Dirección Meteorológica de Chile. Información y análisis meteorológico de Chile. https://www.meteochile.gob.cl/
Universidad de Concepción. Información sobre estrategia de conservación de ranitas de Darwin, septiembre de 2026. https://noticias.udec.cl/
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