Qué es realmente el “Niño Godzilla”
Durante 2026, Chile se prepara para un invierno marcado por lluvias intensas, cambios bruscos de temperatura y eventos meteorológicos extremos asociados al fenómeno conocido mediáticamente como “Niño Godzilla”. Este escenario se superpone a más de una década de megasequía, lo que vuelve especialmente vulnerables a ciudades, ecosistemas y actividades productivas a lo largo del país.
El llamado “Niño Godzilla” no es un fenómeno nuevo, sino una forma de referirse a una versión particularmente intensa de El Niño, también conocida como superniño o Niño extraordinario. En términos sencillos, se trata de un calentamiento anómalo de la superficie del océano Pacífico central y oriental, que altera los patrones normales de circulación atmosférica a escala planetaria y desordena el clima en distintos continentes.
En Chile, este calentamiento oceánico tiende a favorecer un aumento de nubosidad y precipitaciones sobre lo normal, especialmente entre la zona centro y el sur, junto con temperaturas más templadas en invierno. Algo parecido ocurrió en episodios intensos de El Niño en las décadas de 1980, 1990 y 2010, cuando se registraron lluvias torrenciales, inundaciones y pérdidas económicas en diversos países.
Lo que se espera para Chile este invierno
En la zona central, donde se concentra la mayor parte de la población y buena parte de la infraestructura crítica, se proyecta un invierno con episodios de lluvia breve pero muy intensa, acompañados de viento y temperaturas mínimas algo más altas de lo habitual. Esto podría traducirse en un superávit importante de precipitaciones entre junio y agosto, con acumulados de agua que superen ampliamente los promedios históricos en ciudades como Santiago, Valparaíso y Concepción.
Sin embargo, el problema no es solo la cantidad de agua, sino la velocidad con la que cae y el estado previo de los territorios. Tras años de déficit hídrico, los suelos resecos, la degradación de la vegetación y la expansión urbana en quebradas y laderas aumentan el riesgo de aluviones, desbordes de ríos y deslizamientos de tierra en sectores precordilleranos y rurales. A eso se suma la falta de infraestructura adecuada de aguas lluvia en muchas comunas, lo que expone a barrios vulnerables a inundaciones recurrentes.
Lecciones desde otros países
El apodo “Godzilla” no surge al azar: está inspirado en el impacto que han tenido algunos eventos de El Niño extremadamente intensos en otras regiones del planeta. En la costa de Ecuador y el norte de Perú, por ejemplo, los episodios fuertes de El Niño se han asociado a precipitaciones excepcionales, desbordes de ríos, destrucción de caminos, pérdida de viviendas y graves daños a la agricultura y pesca artesanal.
En Estados Unidos, especialmente en California, temporadas con El Niño intenso han traído inviernos más húmedos de lo normal, con tormentas sucesivas luego de largos periodos de sequía, generando inundaciones, remociones en masa y presión sobre la infraestructura urbana. A escala global, mientras algunas zonas se inundan, otras enfrentan sequías y olas de calor más severas, lo que muestra que se trata de un fenómeno verdaderamente interconectado.
Para Chile, estas experiencias internacionales son una advertencia: los impactos no solo dependen del clima, sino del nivel de preparación de los territorios, de la planificación urbana y de la capacidad de anticipar y gestionar los riesgos.
Biodiversidad, agua y resiliencia
El “Niño Godzilla” plantea un escenario complejo para la biodiversidad y los ecosistemas chilenos. Por un lado, un aumento de precipitaciones podría aliviar, al menos parcialmente, el estrés hídrico de cuencas y bosques que han sufrido años de sequía, favoreciendo la recarga de embalses, napas subterráneas y la acumulación de nieve en cordillera. Por otro lado, lluvias más cálidas y concentradas pueden modificar ciclos de floración, germinación y reproducción de especies nativas, y afectar la fenología de cultivos agrícolas sensibles.
En el mundo agrícola, un invierno y una primavera más lluviosos pueden traducirse en problemas de erosión de suelos, aumento de plagas y enfermedades, dificultades para las labores de campo y pérdidas en frutales y viñas. En ambientes urbanos, la presencia de más áreas inundables, menos vegetación y cursos de agua entubados amplifica los efectos de las lluvias extremas sobre la calidad de vida de las personas.
Desde la perspectiva de la resiliencia climática, el fenómeno del Niño Godzilla funciona como una señal de alerta. Adaptar ciudades, cuencas y políticas públicas al nuevo clima ya no es una opción futura, sino una necesidad inmediata: fortalecer la gestión del agua, restaurar ecosistemas, mejorar la planificación territorial y reducir la vulnerabilidad de las comunidades más expuestas. La forma en que Chile enfrente este invierno puede ser un ensayo general de cómo convivir con un clima cada vez más extremo.
¿Y tú qué crees?
¿Estamos preparados para enfrentar en Chile los efectos de un invierno más severo? Cuéntanos en los comentarios cómo ha cambiado el clima en tu zona y qué impactos has observado en tu entorno.
Referencias
- Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2). “El Niño Godzilla, versión 2026”.
- Universidad de Chile. Análisis sobre la confirmación de la llegada de El Niño costero y sus posibles efectos en Chile.
- Diario El País (edición Chile). “El fenómeno de El Niño llega a Chile: qué pasará con las lluvias durante el invierno de 2026”.
- T13. “Qué es el ‘Niño Godzilla’, fenómeno que afectará a Chile”.
- BiobioChile. “Qué se sabe de El Niño 2026 y por qué el término ‘Niño Godzilla’ genera debate”.
- Universidad de Concepción. “Más que lluvias intensas: lo que el fenómeno climático Niño Godzilla podría traer para Chile”.
- El Mostrador. “Niño Godzilla: una alarma mediática”.
